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MUJER

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Rabia que se expande, ramaje fuerte.     Grito alerta del chajá teru teru que protege a sus pichones. Menta, cedrón y manzanilla endulzando el día, quitando los dolores. Suspiro al amanecer y aliento en la noche. Regazo que cambia la mala suerte. Gramilla que se pega en los pies y suaviza el camino empedrado. Lluvia que riega la aridez del mundo. Viento del norte intrépido y ardiente. Llave que abre la caja de Pandora. Surco que acuna la semilla para que largue el brote. Piel que se tiñe del color del paisaje. Fruta del monte, feroz y dulce. Guardiana del legado de las deidades. Sangre que arrulla al ser naciente y se derrama en paz.

RESEÑA CRÍTICA DEL LIBRO HUELLAS DE IDENTIDAD

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LIBRO: H UELLAS DE IDENTIDAD AUTOR: NICOLÁS LEGUIZAMÓN   La identidad está constituida por una serie de rasgos particulares que diferencian a un individuo o grupo de individuos de los demás. Nuestra identidad individual se constituye a través de la cosmovisión e historia propia y de la influencia que ejerce sobre nosotros el contexto donde vivimos. Todo este conjunto de fuerzas nos moldea de tal modo que determina nuestros gustos, necesidades, prioridades y motiva nuestras acciones. Pero, ¿podemos encontrar en nuestra individualidad las huellas que han forjado nuestra forma de ser como sujetos y como sociedad? ¿Podemos recuperar el recorrido de las creencias, tradiciones,  símbolos comportamientos, valores  y orgullos   que fueron cimentando lo que hoy somos y que compartimos los sanjavierinos, que nos genera un sentimiento tan fuerte de pertenencia a nuestro suelo? Nicolás lo ha intentado y lo ha logrado en su libro Huellas de Identidad. Huellas de identidad e...

MIRA EL RÍO

Ella mira el río.   El agua se desliza por los recovecos  de las barrancas. Lejos, el misterio. La soledad de las islas. La naturaleza  se despereza en las olas  que brillan con el sol y aletean manantiales.   Se arrodilla en el borde de los tiempos. Sus ojos  se reflejan en el espejo del río. Ayer su sangre mocoví enrojeció las escamas de los peces  que acompañaron su cuerpo herido. Es Rosa Paiquí, la Potrilla. Rebelde mujer mocoví. Aquí reposa su osadía escoltada por un chajá centinela. La arrulla a la siesta el canto de la paloma.  Los dorados y las mojarras adornan con sus brillos  su estampa. Aquí las espera mujeres de esta tierra. Vengan a beber  el agua sagrada de su río. Retomen esa lucha  que se llevó la corriente cuando su raza  se desgranó en el olvido.   Ella sigue aquí. Y mira el río.  María Laura Ruggia

DRYMORNIS BRIDGESII por Marisa Firmani

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Pájaro chinchero. Nativo del sur de América del Sur. Ave argentina de cabeza castaña oscura con dos líneas, una por arriba y otra por debajo de sus ojos. Está estos días visitándome. Forrajeando solitario camina por mi patio. Con su curvo y extenso pico busca, busca enterrándolo en troncos o en la tierra.   Migrantes de continentes los seres transformados en aves buscamos, buscamos, desde generaciones marcadas por la historia, en raíces de genealógicos árboles, debajo de nuevas hojas, nuevos caminos.   Diciembre de 2024 …

MÁSCARA

Veo tu máscara transfigurarse. Veo tu máscara deslizarse por un tobogán de tiempo caer con la lluvia de otoño rodar por la hierba del patio y enredarse entre mis delirios. Veo tu máscara al final del camino. Te digo adiós. Me despido de un rostro  que no conozco y sonrío  a través de mi soledad. María Laura Ruggia

ESPEJO

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  Tengo los ojos moros  de aquella que heredó la sangre de la España medieval. La italiana del Piamonte me entregó sus rulos y su rebeldía. Guardo en mí la furia  de otra tana que aguantó los desvelos y  la angustia en el viaje interminable. Y me legó  el calor de sus manos la nona del campo que le dio su sangre  a mi estirpe americana. Están en mí las palabras que ellas callaron. Llevo en mi corazón la fuerza de mis ancestras con el mandato de dejar atrás  el dolor. Sus imágenes se refleja en el espejo  de mi vida multiplicándose. María Laura Ruggia

PAN

Escuelita de campo mañanas  blanqueadas por la helada.   Techo de paja un solo salón bancos  de tiempo ajeno y una pizarra escarchada por la esperanza y la tiza. Mate cocido desayuno aguachento calentando las panzas vacías antes de entrar al aula. Cachetes enrojecidos mocos desfilando por sus narices  dejando una huella brillosa en los pómulos ásperos.   Quiero abrir los brazos hasta el infinito para pescar ese cariño sin precio esos besos, las risas las nubecitas de aliento chocando contra el frío las manos callosas de intemperie.   ¡La seño trajo el pan! gritaba María y tironeaba del canasto  de mi bicicleta la bolsa calentita fragante nutritiva. La bolsa del pan. María Laura Ruggia

PALABRAS

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Una palabra cayó como piedra otra lacerante como puñal cortó tu risa. Algunas fueron metrallas  y perforaron  la fotografía de tu vida. Peor golpearon las que nadie dijo las que no fueron ni escudo ni defensa. Un hilo de sangre se desliza entre tus dedos cae por el tallo del rosal hasta besar sus raíces  en el fondo del jardín.

BATALLA

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Quema mi piel de canela. El ritmo de mi sangre  resuena por mi cuerpo y silba en mis sienes  augurando  la batalla.   Los azahares de tu huerta riegan con sus estambres sus dulzores  de amor en espera. Vuelan las garzas asustadas. Callan las chicharras su serenata. Los peces huyen  hacia lo profundo. Vienes a mí. Desato el fuego de la hoguera despierto a la serpiente astuta abro el portal de la lujuria y tomo el fruto prohibido. Vienes a mí. Te espero  húmeda de rocío. Tu hálito  busca caminos para invadirme. Me abrazas  con insolencia  y el descaro  de tu fuego penetra el  suburbio  de mi ser. María Laura Ruggia

HERIDA

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Ardiente herida florece en mi boca si digo tu nombre  y lo escupo  sobre la hierba sobre un rostro detrás de una sombra. Un eco retumba entre las paredes de este cuarto iluminado por las luces indiscretas de la calle y no sé si es tu voz que me llama o es el murmullo de mi cuerpo sucumbiendo. Mi piel  se tensa en la espera y la luna crece desde el horizonte, deslumbrando a las ranas que lloran en las orillas del río. Ardiente herida florece en mi boca y sangra sobre lo que fue. María Laura Ruggia