SOLEDADES
Camino por mi pueblo. Los árboles apaciguan el calor del verano entre su follaje. Un extraño laberinto se insinúa en las calles del vecindario. Las miradas escondidas vigilan mi paso. Ya no recuerdo la tibieza de nuestras manos apretadas. Mi voz y la cascada de tu risa se perdieron en precipicios de silencio. Solo algunas hojas secas caen anticipando el otoño y las arrastro con mis pies hasta dibujar en la vereda el mismo recorrido que hicimos ayer. María Laura Ruggia