SOLEDADES

Camino por mi pueblo.

Los árboles apaciguan

el calor del verano

entre su follaje.

Un extraño laberinto

se insinúa 

en las calles 

del vecindario. Las miradas

escondidas

vigilan mi paso.

Ya no recuerdo la tibieza

de nuestras manos

apretadas. Mi voz

y la cascada de tu risa

se perdieron

en precipicios 

de silencio.

Solo algunas hojas secas

caen

anticipando el otoño

y las arrastro 

con mis pies

hasta dibujar

en la vereda

el mismo recorrido

que hicimos ayer.


María Laura Ruggia









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