GATAS
GRETA Desde mi ventana puedo ver a Greta desplazarse con su porte gatuno por el tapial del frente. Se desliza esquivando con un contorneo de su cuerpo las ramas enredadas del jazmincito del jardín, que se obstina en trepar por todos lados. De un salto estilizado sube hasta la cornisa del edificio vecino y por ahí camina, cual modelo en la pasarela más elegante de Europa, disfrutando del sol de la mañana y de la brisa fresca que llega desde el río. Después, escala paso a paso los desniveles de una gran chimenea que se eleva del techo buscando el cielo y yo imagino que es una bella muchacha que sube con gracia los 135 escalones de mármol y travertino de la escalinata de la Piazza di Spagna en el corazón de Roma. Sigue su recorrido, deteniéndose cada tanto para repasarse los bigotes con una de sus patitas, morder alguna pulga que la inquieta y acicalar su pelaje blanco con grandes manchones grises, que dibujan en su cuerpo arabescos damasquinos. Desde allí, observa...