LUNA
Cayó la noche. Su cuerpo tembló de frío y sintió que los músculos de la cara se le tensaban. Estiró los brazos y lanzó un manotazo tras otro. Sabía que su destino sería errante después de lo que estaba haciendo. Pero había encontrado el hilo que la llevaría al final del oscuro habitáculo húmedo y lleno de mugre donde estaba encerrada. No esperó más, repitió los golpes hasta que dio con alguien que le puso resistencia y trató de detenerla. Entonces insistió tanto que rompió por fin los últimos vestigios de fuerza del que había doblegado su voluntad y la había sometido. Él estaba ahí, tirado en un charco de sangre que brotaba de un surco abierto en su cuello. Se acercó paso a paso, el temor a un ataque sorpresivo la había vuelto cauta y recelosa. ¿Y si otra vez estaba fingiendo, si otra vez la sorprendía, reduciéndola a latigazos? En el ambiente se olía un pesado y dulce hedor desconocido, un sopor que traía a su mente sensaciones olvidadas, imágenes borrosas de lo que r...