AGONÍA
El sol pega sobre la piel haciendo picar el cuerpo. El agua del río acaricia la arena y desdibuja nuestras huellas a medida que avanzamos. Sube y baja el ritmo de la siesta. Más allá, los pocos eucaliptus que aún quedan en el parque mueven su follaje fragante y el frufrú de las hojas alargadas es un arrorró de madre. Nos han visto crecer entre la sombra de sus brazos siempre verdes sembrados de nidos. Hemos herido la piel de alguno para inmortalizar en su cuerpo atravesado por el tiempo nuestras iniciales entrelazadas. Hemos disfrutado de las madrugadas mirando la luna caminar en el río y temblamos con el arrebato de la brisa islera tirados al borde de sus raíces. Han visto pasar nuestras figuras por los caminos del pueblo sin imaginar que seríamos las manos que apurasen su agonía. Hoy los vemos destrozados yaciendo en el parque vacío. El río sigue. Se pregunta por esta ausencia y refunfuña el ritual del adiós. Ojalá...