PAN
Escuelita de campo mañanas blanqueadas por la helada. Techo de paja un solo salón bancos de tiempo ajeno y una pizarra escarchada por la esperanza y la tiza. Mate cocido desayuno aguachento calentando las panzas vacías antes de entrar al aula. Cachetes enrojecidos mocos desfilando por sus narices dejando una huella brillosa en los pómulos ásperos. Quiero abrir los brazos hasta el infinito para pescar ese cariño sin precio esos besos, las risas las nubecitas de aliento chocando contra el frío las manos callosas de intemperie. ¡La seño trajo el pan! gritaba María y tironeaba del canasto de mi bicicleta la bolsa calentita fragante nutritiva. La bolsa del pan. María Laura Ruggia