PALABRAS
Nada hay para decir.
Se fueron por laberintos
dibujados en papeles
con la tinta
de los expedientes
esos días de felicidad.
Las palabras
desangraron su corazón.
Dagas de ironía
laceraron su pecho
perforaron
su existencia.
Muda quedó su boca
desierta su razón.
Un hilo de sangre se desliza
entre sus dedos
cae por el tallo del rosal
hasta besar sus raíces
en el fondo
del jardín.
María Laura Ruggia

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