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SÍMBOLO DE AMOR por Marisa Firmani

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Con las últimas canciones de amor plantamos rosas de suavísima fragancia, en nuestro jardín, junto a mi amado. En la hondanada, de color encarnado, puro, perfuman tu presencia desde el eterno tiempo, que a mis inocentes deseos de escapar a la realidad de tu ausencia, modifican mis sentidos. Bajo el sol o entre sombras, aún cultivo rosas en nuestro jardín; a las que mi mirada acaricia sus irregulares y aterciopelados pétalos, símbolos de amor. Cuan alineadas espinas en su tallo a las diez rosas rojas, antes de sus descoloridos pétalos caer, gritas: ¡Oh Señor, déjame nacer de nuevo!   San Javier, 18 de febrero de 2021. Gracias Marisa, por este hermoso poema que escribiste, inspirada en el bello rosal de mi jardín y en un dulce recuerdo que compartí contigo.

JULIÁN

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  Esperaba fuera del cajero automático mi turno para operar. Un pequeño jugaba colgándose de las barandas de seguridad de la rampa para discapacitados. Tenía apenas unos cuatro o cinco años. Unos rulos como tirabuzones se divertían en su cabeza y sus ojitos inquisidores eran dueños de una mirada inquietante. Parecía estar solo, pues no había otras personas esperando ahí. Me acerqué y le pregunté con quién andaba. Él se dio vuelta   y señalando a una joven que estaba parada bajo la sombra de un árbol a pocos metros de nosotros, me dijo: “mi mamá” Cuando salí del cajero, la muchacha estaba cerca de la puerta de ingreso. -Hermoso tu hijito –le dije, mirando al niño que seguía jugueteando por ahí. Ella pareció asombrarse mucho ante mi comentario y después del impacto que evidentemente le produjo lo que le dije, respondió: “Mi pequeño Julián… ¿Lo conocías?” Quedé también confundida pero sin saber por qué y con gesto dudoso,   respondí: “Creo que sí”. -Murió hace un a...

FANTASMA

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-¡Olor a vela! –grita una de las niñas. -Sí, ¡olor a vela! -responden las otras cuatro como un coro que desentona porque se confundió el director. -¡Junten todo! ¡Junten todo!   ¡Rápido, rápido! –ordena una de ellas. Cada una se encarga de algo. En unos instantes ya han recogido sus juguetes en las cajas y bolsas que usan para traerlos.   Y atropellándose entre ellas, corren lanzando chillidos de tero asustado, como acostumbran a hacerlo desde que las han autorizado a jugar en la “casa embrujada”. La habitación que les permitieron usar es la más amplia, la sala que da a la calle, cuyas ventanas de madera lavada por los años y el abandono están protegidas con rejas que un antiguo herrero forjó a pulmón y esfuerzo. Tiene los techos muy altos, con unas vigas de algarrobo que han resistido más de un siglo desde su construcción y entre las que las arañas han establecido sus dominios con tranquilidad.   Sus muros, de más de treinta centímetros de espesor, son de ladri...

CAE LA TARDE

Cae la tarde… Lágrima de miel, adormece el poniente, que revolotea como una mariposa .   Cae la tarde… La brisa susurra canciones de niños entre aletear de pájaros y tintinear de trinos.   Cae la tarde… Sobre el paisaje se desliza el rocío y la luna rodando insinúa un sendero.   Cae la tarde en mi ventana gris.   Cae la tarde y tú no estás aquí…

Noche

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La noche me sigue. Me tira silencios en los oídos aprisiona mis labios entre murmullos de río enreda mis muñecas con junquillos y tréboles. Pero araño la luz de las estrellas camino por la ribera de tus sábanas y me acurruco en tu costado de barro.

TRINI

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                                                                           El rostro de Trini parecía modelado en una especie de porcelana antigua, con un alisado opaco que le confería un aspecto de estatuilla delicada, tan diferente al vulgar ambiente que habitaba con su madre. De su padre nunca había tenido datos; que en algún tiempo había pernoctado en estos lados con su madre, su propia existencia lo confirmaba... pero nada más.   Se había criado allí, cerca del río, en ese rancho de adobe y paja brava cuya sombra se recostaba al atardecer sobre la arena dorada de la playa. Trini no sabía que su madre se prostituía para conseguir algo para comer cada día, sólo tuvo un vago presentimiento el día que aquel tipo, un hombre fornido, de andar desproli...

EL CORSO

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El ritmo de la batucada resonaba en la avenida y se extendía ensordecedor por todo el lugar. Los integrantes de la comparsa se contorsionaban con destreza haciendo relucir sus diminutos atuendos recargados de lentejuelas, piedras y perlas de colores. Las jóvenes bailarinas, cuyos cuerpos eran una prueba indiscutible de su escasa edad, avanzaban y giraban siguiendo sus coreografías. Entonces, algunos espectadores formaron un círculo alrededor de ella, de la bastonera de la comparsa Alma Noble. Todos en el pueblo creían que era una verdadera diosa, la diosa del corso. Alta, atlética, con una elegancia poco convencional y un cuerpo exuberante que ella sabía utilizar para crear fantasías en las mentes de sus seguidores, la bastonera era el alma de la comparsa, la que jugaba con la alegría de todos, la única, la mejor. Las palmas y vítores se confundían con la música de fondo y la admiración que todos sentían por ella hacía que  se movieran sus pies, sus caderas, sus pechos...

FEMINISTA Y POETA: SUSANA THÉNON

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Susana Thénon nació en Buenos Aires, en 1935. Su padre fue Jorge Thénon, destacado psiquiatra, de ideas revolucionarias, impulsor de la psicoterapia en la Argentina.  Susana se crió en una familia amante de todas las manifestaciones culturales y comprometida con un pensamiento político de izquierda. En ese ambiente estuvo en permanente contacto con intelectuales destacados de la época y figuras representativas de las artes, como los pintores Castagnino, Berni y Policastro. Estudió la Licenciatura en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Junto con Alejandra Pizarnik y Juana Bignozzi se caracterizan por producir una poesía que rompe con los cánones establecidos y las deja fuera de cualquier clasificación.  Usa la ironía y la parodia para marcar diferencias con el lenguaje poético tradicional, que presenta una realidad enmascarda, un estado de las cosas totalmente convencional y nos moviliza con su mirada corrosiva, para mostrarnos la otra realidad, la que subyace, la ...