FLORECERES
En el rincón del jardín
donde no florecen
ni la pasionaria
ni el aromito
se insinúan apenas
las siluetas.
Vigilante
la magnolia morada
extranjera en el país
de la costa
estira su ramaje
con sus pimpollos alargados.
En la noche
el rocío
se apura
besa
y empapa
los cuerpos. Los pétalos
morados
se abren
jadeantes. El ritmo
sube
y explota. Un hilo de luna
se derrama
por los estambres
riega los pistilos
y sucumbe.
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