EL PRECIO


La luna apostó 

sus monedas de plata

sobre el paño del estero

para ver las luciérnagas

hasta el amanecer.

 

Las mojarras entregaron

las lentejuelas

de sus trajes

para perseguir un rato más

un rayo de sol.

 

El sauce susurró

mil plegarias

para que las flores

de camalote lo besasen

al pasar rumbo al mar.

 

Murmullo de perlas se oye

en la laguna

cuando te acercas

y se enredan en mi cintura

los pájaros de tus dedos.

 

Pero espera. No te apresures.

¿Qué estarías dispuesto

a darle a la mañana

por una tarde de amor?


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