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PRIMAVERA

Crujen las hojas cantando al viento canciones   del frío que ya se va. Aquí te espero,  con la primavera,  la luna  y la lluvia regando el jardín. Explotan los lirios sus rojas corolas y los jazmincitos blanqueando rincones inundan el patio con su dulce olor. Ya saben las   flores de nuestro delirio. Ya saben las aves de nuestra pasión. Lo gritan las hojas, lo suspira el viento. No disimulemos, el amor llegó. María Laura Ruggia

CONTIGO

  Sucumben antiguos temores si el amor está aquí. Cae  la noche, lluvia entre los dedos. Canto de tacuaras, luz de la mañana. Primavera del alma, florecer de  instintos. Mirada avasallante. Piel,  velo de mis pasiones. Labios, alhajero de palabras de amor, guardianes de tus besos. Apura la vida tu paso por esos caminos que juntos hicimos. Tu mano y tus sueños me llevan contigo. María Laura Ruggia

MARIPOSA

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  Vestida de obsidiana y oro te luces entre mis flores. Mariposa  de frágil esencia vuelas lejos  y te pierdes  entre nubes de presagios. ¿Ya te despides  para nunca más volver? Pero pronto surcas entre la primavera como un recuerdo  que se posa sobre mí. Eres el amor  renovándose señal de vida  floreciendo. Música y poesía que sobrevuela  mi jardín. María Laura Ruggia

QUÉ HAGO CON ESTE AMOR

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Este excelente poema es obra de Virginia Alvarez, a quien agradezco que me haya permitido compartirlo. Si lo presiono, es arena que se escapa por los dedos. Lo alejo y es nube de humo que se filtra por mi ventana y me llena de tristeza. Si lo acerco es fuego que corre por mis venas. Es bálsamo para mis heridas. Es lluvia, es viento acariciándome. ¿Dime buen hombre de Galilea qué hago con este amor? Virginia Alvarez

CEIBO EN FLOR

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Sangra la primavera Por las venas firmes Del ceibo en flor.   Corre encendiendo el mundo la ardiente llamarada por los montes del Señor.   Se sonrojan las verdes copas floreciendo sus latidos en palpitante corazón.   Rojo sangre, rojo incendio, fecundo para la vida, rojo ceibo del amor. María Laura Ruggia

MUERTE

Cuando vengas a buscarme muerte no olvides el ovillo. Se como Ariadna, previsora y trae con qué señalar el camino. Cuando vengas a buscarme muerte no olvides el ovillo. No quiero que las dudas confundan tus pasos y los míos. Cuando vengas a buscarme amiga no olvides el ovillo quizás te pierdas en este laberinto y sea la vida al final mi sino. Cuando ella venga a buscarme Vida retenme con ahínco recuerda que te he dado mis semillas y quiero ver florecidas mis venas en tu nido. María Laura Ruggia

VIENTO

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Viento fuerte. Enmaraña mi ropaje como un juego. ¿Qué te pasa, viento loco?  le pregono entre los dientes. Y él se ríe a carcajadas  entre la hojarasca seca que   tapiza la vereda, mientras crepita a lo lejos  el horizonte hecho un fuego. Me despeina, me acaricia,  me acorrala entre la lluvia de jazmines de la entrada a nuestra casa. Y susurra a mis oídos: ¿Es que ya me has olvidado? Silba el viento entre las hojas, silba loco sus pasiones. Y tu voz se va alejando solapando tu reclamo. ¡Es que ya me has olvidado! María Laura Ruggia

SOMBRA

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En tus ojos de mar profundo una mirada de niño me traspasó con un frío de muerte. Torturas de corazón enamorado. ¿Puede el amor salvarme? susurraste. Y   te fuiste hacia el horizonte encendido de la tarde. Sombra entre recuerdos. Sombra invadiendo mi ser. María Laura Ruggia  

EPISODIOS

Me vuelca el corazón y estruja la razón el saber de tu dolor  y verte atravesada  como pluma enganchada  a tu devenir inimaginable, de quebrantables no decires. Y aquí me traes al encuentro bendecido, iluminado de mi alma. Y sales erguida a afrontar tu destino empandemiado de pérdidas y lágrimas, que, en acorraladas llamadas,  intento descifrar para ir a tu encuentro. Como un viejo trapo,  absorbiendo a su paso aquello que sobra y cae sobre el tiempo,  los innegables guijarros de barro cocido y porcelana inglesa  la historia contarán. Cuan en altivo carruaje de oscuros corceles va mi vida a tu encuentro,  por caminos de tierra  bordeados de eternos cipreses  recordando sólo una pequeña historia  de secas ramas quebradizas. Y vos. Y yo. Por Marisa Firmani, agosto 2021

PARTIDA

Para Adela. Sube columna de humo que marca rumbo  en el cielo humedecido por la lluvia. Sube tu cabellera de ceniza y plata jugando a sostener tus pensamientos. Sube ondulante entre las nubes  la sombra de tu cuerpo centenario. Subes hasta el infinito para soltar tus ataduras  y tu piel civilizada. Y me dejas aquí atada a tus delirios adivinando mi destino en los mapas misteriosos de mis manos.