Ridícula. Sí, es totalmente ridícula. Qué otra cosa se puede decir de una mujer como ella. Es alta y flaca, se parece a un álamo viejo de esos que están al final de la calle. Anda desaliñada, crota, mal vestida. Tiene el cabello enrulado y un lunar bastante grande en el cachete izquierdo que resalta en su cara blanca y consumida. Camina con pasos cortitos, como si tuviera miedo de caerse; pero se mueve con una rapidez rara de lagartija sobre la tierra caliente. La veo a cada rato, pasa y pasa por la vereda de enfrente de la casa de mi abuela Tonia. Todas las tardes, a la salida de la escuela, con los chicos del barrio la miramos cuando nos juntamos a tomar mates debajo del paraíso sombrilla que creció guacho en el jardín. A veces pienso que ese árbol es como yo, que me crié en la casa de mis abuelos guachito, sin madre ni padre. La abuela Tonia me zamarrea de la ropa cuando le digo esas cosas que pasan por mi cabeza. Dice que yo tengo una familia y que dej...
Cayó la noche. Su cuerpo tembló de frío y sintió que los músculos de la cara se le tensaban. Estiró los brazos y lanzó un manotazo tras otro. Sabía que su destino sería errante después de lo que estaba haciendo. Pero había encontrado el hilo que la llevaría al final del oscuro habitáculo húmedo y lleno de mugre donde estaba encerrada. No esperó más, repitió los golpes hasta que dio con alguien que trató de detenerla. Entonces insistió tanto que rompió por fin los últimos vestigios de fuerza del que había doblegado su voluntad y la había sometido. Él estaba ahí, tirado en un charco de sangre que brotaba de un surco abierto en su cuello. Se acercó paso a paso, el temor a un ataque sorpresivo la había vuelto cauta y recelosa. ¿Y si otra vez estaba fingiendo, si otra vez la sorprendía, reduciéndola a latigazos? En el ambiente se olía un pesado y dulce hedor desconocido, un sopor que traía a su mente sensaciones olvidadas, imágenes borrosas de lo que remotamente fue. Él no ...
Por Marisa Firmani En el camino de la costa el espíritu de otra época dejó que crecieran y florecieran. Su atmósfera, su paisaje que contiene a las islas el tránsito por la orilla del río hoy nos deja un itinerario de ausencias, de faltas. Fuimos testigos de la ensordecedora caída de sus imponentes presencias. Un lunes 19 de enero de 2026 se desplomaba el más joven, que melancólicamente aún quedaba erguido. Ya no formaste parte del paisaje costero, pasaste a ser madera de este mundo de desarraigados. Ellos se fueron físicamente pero quedarán infinitamente en la identidad de este pueblo porque dejaron su marca en el recuerdo de la comunidad sanjavierina. Desapareció esa presencia, la compañía la sombra protectora, el refugio para los pájaros las columnas del templo donde los tres de diciembre se homenajeaba con misa y fiesta al santo patrono San Francisco Javier los guardianes que enmarcaban el escenario poeta Julio Migno los festivales de...
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